“Epitaph”: El primer encuentro con el rock progresivo y la pérdida

Aquel encuentro no lo olvidaré jamás, fue una vivencia única, irrepetible, describir ese momento es una tarea difícil; se trató de un primer encuentro con sensaciones que no imaginaba en aquel entonces, emociones desconocidas, no había tenido experiencias previas que me dieran elementos para comprenderlo.

Me viene a la mente ese lejano instante en el que tuve ese LP en mis manos, observaba cada detalle de aquella caratula, solamente mirarla ya era un encuentro cercano con lo desconocido, se podía sentir una angustia aterradora. Ese rostro era un aviso, una alerta que indicaba que adentro se encontraba un viaje extraño, sin regreso, una profundidad sin final. Apenas contaba con unos nueve años y estaba a un paso de adentrarme en mí primera experiencia progresiva.

El vinilo cayó y comenzó a girar en el plato del equipo de sonido, la aguja se estremeció, pero fue producto de la fuerza de los instrumentos de viento que dan comienzo a la primera canción del álbum. Lejos estaba de comprender aquello que escuchaba, era una combinación de rock y jazz; el primero apenas había llegado para quedarse, Led Zeppelin marcó el camino; mientras que el segundo apenas eran unas pequeñas gotas casi imperceptibles. Era consciente que oía algo totalmente distinto, por lo que dejé llevarme por el buen ritmo y las descargas de cada uno de los músicos. Debo reconocer que por momentos me perdí, pero por suerte apareció ese cambio que tomó mi mano y me trajo de regreso a la compleja pieza.

Cuando comenzó la segunda canción confieso que no me transmitió mucho, me pregunté: “¿Dónde está la angustia del hombre de la portada?” Llegué a pensar que el vinilo que giraba en el tocadisco no pertenecía a esa caratula, sin embargo, lo dejé sonar, aunque en algún momento fui tentado a parar y cambiarlo, pero una voz interna me decía que continuara el extraño viaje.

Todo cambió cuando llegó al tercer track del lado A, las notas de esa triste guitarra produjeron en mi una sensación totalmente desconocida, fue mucho más fuerte cuando llegó aquella voz adolorida, se dibujó frente a mis ojos un lugar oscuro, podía ver un largo camino en el que un hombre solitario caminaba bajo una fuerte lluvia, el peso del agua lo hacia ir cada vez más lento, su angustia lo llevaba a enterrar sus pasos, sus pies se transformaban en roca sólida. Ante eso me dio ganas de llorar, no sabía porque; no era miedo lo que sentía, se trataba de una tristeza profunda, como si hubiese perdido algo o alguien, estaba frente a algo completamente nuevo; me ahogaba ante esa extraña presión en el pecho, era el fuerte golpe del terrible vacío que nos deja la muerte.

La canción seguía sonando, por momentos sentía que la luz del sol que entraba por la ventana se apagaba, quizás una tormenta se estaba formando repentinamente; pero todo era producto de esas emociones desconocidas. La pieza avanzaba y la tristeza era cada vez más fuerte, me sentía mal pero no quería dejar de escucharla, estaba frente a algo difícil de entender. Ante aquella música pude ver la gris lejanía, percibir la dolorosa nada, soportar la pesada tierra que la despedida.

Al terminar de sonar la canción y acabar esa “Cara A” del LP, tomé la aguja y la coloqué sobre esa delgada línea que marca la separación entre el segundo y tercer track, la necesidad de oírla nuevamente estaba ahí, me tomé otros nueve minutos para escucharla con atención.

Tomé un cassette y decidí grabarla, así transcurría la tercera escucha, leí su nombre en la contraportada: “Epitaph”. Busqué un diccionario español – inglés – español y el resultado fue frustrante ya que estaba frente a una palabra desconocida: “epitafio”. Recurrí al querido Larousse Ilustrado, fue quien me mostró que estaba frente a una canción que aborda el tema de la muerte. Creo que fue la primera vez que pensé en ello, en la partida, en el fin de la vida. Hasta ese momento era algo que no pasaba por mi mente, no había razón para preocuparse por ello.

The wall on which the prophets wrote is cracking at the seams. Upon the instruments if death the sunlight brightly gleams. When every man is torn apart with nightmares and with dreams, will no one lay the laurel wreath as silence drowns the screams. (El muro en el que los profetas escribieron se está resquebrajando. Sobre los instrumentos de muerte la luz del sol brilla resplandeciente. Cuando todos los hombres se desgarren con pesadillas y con sueños, nadie va a depositar la corona de laurel mientras el silencio ahogue los gemidos)”.

Como si estuviera escrito en las páginas de mi destino, el primer encuentro que tuve con el rock progresivo fue con el disco debut del grupo británico King Crimson que lleva por nombre “In the Court of the Crimson King (An Observation by King Crimson)” publicado en octubre de 1969. Curiosamente después de esa primera escucha paso unos cuantos días en el que me interesé por el nombre de la banda, y mucho más del disco, los cuales no aparecen en la caratula y quizás por esa razón no me preocupé por ello, la verdad es que había quedado atrapado ante la magistral “Epitaph”, se convirtió en una de las canciones más escuché durante esos años de mi infancia.

Llegó la adolescencia y no tardó mucho en que el heavy metal llegará para quedarse, alejándome por un tiempo del rock progresivo; aquellas primeras experiencias vividas con el disco de King Crimson y que luego se alimentaron de la buena música de Saga, Asia y Supertramp, terminaron archivadas en un lugar de mi memoria. Como dice aquella canción de Aldemaro Romero, “de repente” “Epitaph” regresó a mis oídos, conectándome con ese momento tan especial de mi infancia, volví abrir esa puerta, ahora contando con una madurez y una mayor comprensión para descubrir realmente el “In the Court of the Crimson King (An Observation by King Crimson)”.

No soy el más apropiado para guiarlos por cada una de sus canciones, allá afuera hay una gran cantidad de expertos, especialistas que hacen buenas reseñas de esta obra maestra, el que es considerado por muchos el mejor álbum de rock progresivo de la historia, incluso, hay quienes van más allá, lo colocan como el disco más importante de la historia. ¿Quieres entender el significado de este álbum? Solo déjate llevar: “Confusion will be my epitaph as I crawl a cracked and broken path. If we make it we can all sit back and laugh. But I fear tomorrow I’ll be crying, yes, I fear tomorrow I’ll be crying. (Confusión será mi epitafio mientras me arrastro en un sombrero roto y quebrado. Si lo logramos podremos todos sentarnos y reír. Pero me temo que mañana estaré llorando, sí, me temo que mañana estaré llorando)”.

Mi primer encuentro con el rock progresivo fue por todo lo alto, no tengo claro si fue producto de la casualidad o la causalidad, siempre estaré agradecido por haber tenido la oportunidad de descubrir el profundo mundo de la experimentación musical a través de la obra debut de King Crimson, ese disco movió mi mundo, especialmente la canción “Epitaph”, sin duda alguna fue la primera experiencia no vivida de una pérdida.

2 Replies to ““Epitaph”: El primer encuentro con el rock progresivo y la pérdida”

  1. ¡¡ Menudo pedazo de trozo de pieza !! Con esos fondos del mellotron que, a posteriori, pasara a formar parte del igualmente envidiable arsenal de la acústica del sin par, Tony Banks.

    ¡¡ Y esa voz impecable del inigualable Greg Lake !!

    El punto de partida del mejor rock sinfónico.

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