“Endgame”: Subir el nivel antes que llegar al final

Para que una banda de rock se consolide en el tiempo es clave que sus integrantes se mantengan unidos por un largo período, que ese conocerse los unos a los otros les permita construir composiciones con suficiente química, esas que hacen chispa cuando llega al oyente. Esto no es una garantía, pero siempre da unas bases sólidas para que permiten a estos músicos grabar varios discos, presentarse en múltiples conciertos, en incluso atreverse a realizar experimentos musicales.

También sabemos que es una constante que en las agrupaciones musicales hay abandono o salidas de miembros, ya sea por razones de salud, diferencias personales, deseos de realizar proyectos individuales, o casos extremos como el fallecimiento; pero la verdad es que las grandes bandas, esas que trascienden, mantienen una base de integrantes intacta.

Hay casos especiales, uno de ellos es el de la agrupación Megadeth, ese famoso nombre que lleva un “Grupo de Rock” que pertenece exclusivamente a Dave Munstaine; una idea que nació desde la más profunda rabia ante su expulsión de Metallica. Dave quería demostrarle a sus excompañeros  que él si tiene el talento suficiente, incluso para superarlos dentro del movimiento thrash metal. James Hetfield no soportó los excesos del “colorado”, el guitarrista pasaba la mayor parte del tiempo bajo los efectos del alcohol y las drogas; sus exagerados vicios fueron el motivo para que lo invitaran a bajarse de lo que hoy se conoce como una gigante leyenda del rock, pero que al mismo tiempo le impulsó a construir a otra legendaria historia del heavy metal.

Megadeth es una de esas agrupaciones exitosas que no ha contado con una alineación constante en el tiempo. El cuarteto que se mantuvo tocando junto por más años fue aquella que convivió entre 1990 y 1998, que además produjo a mi entender, lo más sustancioso de esta banda, hablamos de al menos tres para no decir que los cuatro discos que hacen diferencia con respecto a los demás: Rust In Peace de 1990, Countdown to Extinction de 1992, Youthanasia en 1994 y Cryptic Writings en 1997. Dave Mustaine, David Ellefson, Martyn Friedman y Nick Menza fueron el momentum dorado de esta agrupación.

Quizás la siguiente etapa donde Megadeth logró mantener una alineación interesante fue la que va entre 2006 y 2010, Mustaine era acompañado por James Lomenzo en el bajo, Shawn Drover en el batería, y en la guitarra estuvo por un momento Glen Drover, sustituido en el año 2008 por Chris Broderick, quien le dio a la banda mayor fuerza y calidad, esto se puede evidenciar en el álbum que abordaremos hoy aquí: “Endgame”.

Seguramente la gran mayoría coincide en que Dystopia es el mejor disco de Megadeth del siglo XXI, sin embargo, algunos se inclinan por el décimo segundo álbum de estudio de la banda liderada por Dave Mustaine, y es que “Endgame” recupera ese nivel que consigues de sobra en discos como Rust In Peace o el propio Countdown to Extinction.

 “Endgame” abre con “Dialectic Chaos”, una pieza instrumental que dura 2’25’’; un juego de guitarras que suenan atronadoras, desde ya se puede sentir los relámpagos que trae Chris Broderick en sus seis cuerdas, este guitarrista que llegó de la banda “Nevermore” se puede considerar el ascensor que lo hizo subir el nivel. El comienzo es prometedor y se pone mejor gracias a siguiente track que lleva por nombre “This Day We Fight!”, una maravillosa muestra de velocidad en la que se van combinando las guitarras de Mustaine y Broderick:

“On this day I desire to anoint my fists, engaging them in the mode of power and war. Stopping at nothing that’s short of fulfilling my destiny, willing to die and I will, after you for what I believe. (En este día deseo ungir mis puños, engranándolos en la modalidad poder y guerra. No detenerse ante nada es la abreviación de cumplir mi destino, estando dispuesto a morir y lo haré, después de tí, por lo que creo)”.

Dave Mustaine trae en esta pieza una lírica que aborda un escenario de guerra inminente, la última de las grandes batallas, una en la que hay una descarga que ametralla cada uno de nuestros sentidos:

“Whet with your blood, I sharpen my sword; no turning the other cheek like a coward. Come tomorrow I may lay down and die; but not this day, this day we fight! This day we fight! Strip the fallen heroes, finish off the wounded; collect the spoils of war and send them back dead. (Estimulado con tu sangre, afilo mi espada; sin poner la otra mejilla como un cobarde. Ven mañana, puede que yo deponga las armas y muera; pero no este día, ¡este día lucharemos! ¡Este día lucharemos! Despojando a los héroes caídos, acabando su respiración; juntando los botines de guerra y enviándolos de vuelta muertos)”.

Llega el turno de “44 Minutes”, un tema un poco más lento a su predecesor, sin embargo, es una letra que tiene mucha ira, la cual se percibe en el acentuado canto de Mustaine. Se va describiendo un escenario de enfrentamiento entre una banda delictiva y un grupo de la fuerza policial, son cuarenta y cuatro minutos de disparos que van y vienen en las calles de una convulsionada ciudad:

“Baptized in a firefight, hot blood running cold as ice. 44 minutes of target practice, all hell’s breaking loose, outgunned, watching The Force; come to a firefight with a pocketknife, getting schooled until they shot Achilles’ heel and brought down the beast. (Bautizado en un tiroteo, sangre caliente circulando fría como el hielo. 44 minutos de prácticas de tiro, se está desatando un infierno, superado en armas, viendo a La Fuerza llegar a un tiroteo con una navaja, entrenándose hasta que disparan al talón de Aquiles y derribaron a la bestia)”.

¿Quieren velocidad? En “1.320” aparece la respuesta de Mustaine, es un track con adrenalina pura, se corre al máximo,  extrema potencia sobre la gran pista de asfalto:

“Grinding my teeth, white knuckles grasp at the Wheel, I rush from an avalanche of adrenaline; it’s all that I feel, as quick as a bolt of lightning, a rocket ride in a bucket seat, it doesn’t get any better than this; it just feeds my need for speed. Supercharged, strapped in and screaming, fire spitting from the pipes, a burnout by the flame throwing fury, 8.000 horses ignite. Full throttle, hit the ground running, with a tank full of nitro and it’s 1.320′ to go to the finish line. (Rechinando mis dientes, con mis nudillos aferrados al volante, me lanzo desde una avalancha de adrenalina; eso es todo lo que siento, tan rápido como un rayo, un viaje de cohete en un asiento de cubo. No hay nada mejor que esto, sólo alimenta mi necesidad de velocidad. Sobrecargado, aferrado y gritando, escupiendo fuego por las tuberías, un desgaste por las llamas que desprenden furia, 8.000 caballos de fuerza. Acelerando al máximo, pisando a fondo, con un tanque lleno de nitro y a 1.320 para llega r a la línea de meta)”.

De esta pieza vale la pena destacar la forma de tocar Dave Mustaine que rememora sus comienzos por allá en la década de los 80, así como una sección de batería que en lo personal me recuerda la icónica canción de Metallica, esa que fue escrita, grabada y tocada en el período en que el “colorado” fue parte de esa banda: Seek and Destroy.

Bite the Hand” también se presenta interesante, no es necesario la máxima velocidad, es suficiente la fuerza que sale del bajo para mover las placas tectónicas, que cuenta con un final perfecto en el que se destaca el gran solo de guitarra de Chris Broderick:

“The depression of a depression, worldwide suicide for the economy, caused by the dialectic chaos when the mob on Wall Street took we the people for a ride. When its dog eat dog, you are what you eat, just like the mad dog that bites the hand that feeds. (La depresión de una depresión, suicidio mundial por la economía, causada por el caos dialéctico cuando la mafia del Wall Street se llevó a la gente a dar un paseo. Cuando su perro come un perro, tú eres lo que comes, justo como el perro loco que muerde la mano que de quien lo alimenta)”.

Llega “Bodies” con un sonido lleno de misterio, porque así suena la guitarra nostálgica de Mustaine, la muerte vuelve a decir presente en una de sus letras, vista desde el corto tiempo en que estamos en este mundo, ese lapso en el que se ve partir buenos amigos, y algunos que no lo han sido tanto:

“This thing called life goes by so quickly, one day you’re here and then you’re gone. This is the moment I’ve lived my whole life for. And I’ll never give up; I’ve waited too long; I’ve waited, waited too long, I’ve waited too long. And all along the road, all the bodies left behind. May all have been good friends; just not good friends of mine. (Esta cosa llamada vida pasa tan rápido, un día estás aquí y luego te vas. Este es el momento por el que he vivido toda mi vida. Y nunca me rendiré; he esperado demasiado. He esperado, he esperado demasiado, he esperado demasiado. Y a lo largo de todo el camino, todos los cuerpos dejados atrás. Puede que todos hayan sido buenos amigos, pero no todos buenos amigos míos)”.

Hace aparición el tema que da nombre al álbum, “Endgame” tiene todos los ingredientes para ser la gran canción del disco, los solos de guitarra hacen que te conectes con Rust In Peace. Llega a convertirse en una mezcla de sonidos que son crudos, directos, punzantes, muy al estilo Mustaine, con un final genial que te desborda, no deseas que sea el final:

“This is the end of the road, this is the end of the line. This is the end of your life; this is the endgame. I learned my lessons the hard way, every scar I earned. I had to bleed, inside the day yard. A system of controlled movement, like a giant ant farm. Any time is long time, now you’re not in charge of your time anymore. (Este es el final del camino, este es el final de la línea. Este es el final de tu vida, esto es el final del juego. Aprendí mi lección de la forma difícil, cada cicatriz que gané. Tenía que sangrar, dentro del jardín. Un sistema de movimiento controlado, como una granja de hormigas gigantes. Cualquier tiempo es mucho tiempo, ahora ya no está a cargo de su tiempo)”.

La canción más extraña del disco hace aparición, lleva por nombre “The Hardest Part of Letting Go… Sealed with a Kiss”, son dos temas en uno, siendo además la primera en la que Chris Broderick aparece en los créditos como compositor. Tiene un desarrollo muy interesante, cuenta con un sonido acústico, acompañado además por un fondo orquestal que da un toque de magnificencia. La letra habla sobre un viejo amor que tuvo Mustaine, posiblemente en esta lírica se lanza  la proclama  en la que se despide de ella para siempre:

“Such a pretty face, radiant. I saw you, across the room, I knew I had to have you. Thus started the chase, I knew I would do anything to take your hand and make you mine. But I learned long ago if you love someone you have to let it go, the hardest part of letting go is saying goodbye, goodbye, goodbye. (Qué rostro tan hermoso, radiante. Te vi, a través de la habitación, supe que tenía que tenerte. Luego fui detrás de ti, supe que haría cualquier cosa para tomar tu mano y hacerte mía. Pero aprendí hace mucho tiempo que si amas a alguien tienes que dejarla ir; dejarle ir, dejarla ir, dejarla ir… La parte más difícil de dejarla ir es decir adiós, adiós, adiós)”.

Este track número ocho comienza con la parte acústica llamada The Hardest Part of Letting Go, acelera cuando arranca la letra de Sealed with a Kiss, volviendo al sonido suave de la primera parte para decir el definitivo adiós. Vale la pena escuchar con detalle esta interesante composición más allá de que salga de los patrones del “thrash metal”.

Agárrate bien porque vuelve a subir la velocidad, esta vez con lo que fue el sencillo promocional de “Endgame”: “Head Crusher”. La descarga que hacen aquí los cuatro integrantes es potencia pura, se buscó impactar con esta gran canción. Como curiosidad es de mencionar que en los dos minutos aparece un rasgueo de guitarra que recuerda por instantes “The Mechanix”. En ella se describe las horribles sensaciones que pudo vivir una víctima del arma de tortura medieval llamada “aplasta cabezas”.

“How the Story Ends” y “The Right to Go Insane” cierran este buen disco presentado por Megadeth en el año 2009. La primera cuanta con una textura especial, destacándose un solo acústico que gusta mucho, genial armonía que sale de esa guitarra que va hilando una sinfonía suculenta, Mustaine y Broderick se vuelven a combinar de manera perfecta. La segunda, se trata de una canción que recuerda “Addicted to Chaos” una de las grandes joyas que forma parte del gran álbum Youthanasia. Cuenta con un buen intro que sale del bajo de Lomenzo, además de los dos solos al final que impulsan la historia de Shawn Timothy Nelson, ese veterano del ejército retirado que robó en el año de 1995 un tanque M60 Patton de la armería de la Guardia Nacional de los EE UU ubicada en la ciudad de San Diego; llevándose y destruyendo todo a su paso hasta que fue abatido por la policía.

“Endgame” es el disco que abre con “Dialectic Chaos” y cierra con una que suena a “Addicted to Chaos”, pero Megadeth aquí tiene de todo menos caos,  consiguió con su duodécimo disco una corta pero importante estabilidad,  impulsándolos con fuerza para expulsar esa lava hirviente condensada de energía, altos decibeles que le permitieron alcanzar el nivel extraviado a finales del siglo XX, así que quedó confirmado que aquí el juego no se ha terminado.

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