Exquisito.

Llegó la noche para la cual no me he preparado, en esa donde las montañas se ven inmensas, esas cimas que puedo ver desde muy lejos, pero las siento cerca, palpitan las cumbres. Subo la mirada buscando el punto exacto donde llegar, tomo un poco de aire, lo hago lentamente, y observo con detenimiento, miro cada detalle, el ascenso debe ser cuidadoso.

En la inmensidad de la noche, la neblina va bajando, parece que no quiere que encuentre el camino, desea que me pierda en mi intento por ascender. ¿Hay miedo? No, solo se puede sentir los nervios por lo deseado, ese frío que va subiendo y bajando, es una sensación que te hace sentir vivo, que los pasos a dar deben ser con cuidado.

Se asoma el silencio entre las montañas, puedo escuchar mi respiración, la misma se proyecta rápidamente haciendo eco cuando rozan con la cima. Dar el primer paso, es tan fuerte que el aire se desvanece, se necesita una bocanada, el aliento que vibra, el oxígeno que fluye lentamente, buscando ese paso que parece estar cerrado.

Me voy acercando, ya no solo es un paso, logro pasar suavemente, dejando huella, marcando el camino del ascenso, las cimas se sienten más cerca, parece que puedo tocarlas con la mano, pero falta mucho por recorrer, el tiempo no es medida, se va deteniendo el minutero, debes administrar el oxígeno que recorre el camino.

Estoy sobre el punto donde una corriente de aire llega al rostro, esa bocanada que es tomada desde los labios que no se resecan a pesar de estar ascendiendo. Lentamente me muevo buscando el recorrido hacia la cima, hay una fuerza que estremece todo el lugar, pero no me caigo, estoy aferrado al camino, el deseo de llegar, de estar, de permanecer, es más fuerte que el sismo producido por el nerviosismo.

Los pasos lentos permiten recorrer el camino, el olor a esperanza se percibe en todas partes, puedo sentir de adentro hacia afuera, vuelvo a estirar mi mano, la cima está cerca, debo seguir recorriendo con suavidad, que las huellas queden grabadas en la suave nieve; puedo sentir como va cambiando de temperatura, es su respuesta ante mi presencia.

Puedo sentir que un manantial fluye, está más allá de las montañas, sonido que mueve el camino que recorro, se vuelve tembloroso, es necesario bajar lentamente, antes de retomar el ascenso, las cimas están frente a mí, debo llegar, necesito respirar el poco oxígeno que ahí se encuentra, sentir la vida de vuelta.

Con calma, entendiendo que el tiempo se detuvo, voy mirando la cima, comienzo ascender sin miedo, con la seguridad de que estoy por llegar, ahí, en el punto exacto del cual no quiero regresar, poder ver la inmensidad, alcanzar el infinito universo, volverme aire, tierra, agua y fuego. Despacio, solo rozando, con la mirada puesta en lo alto, el ascenso se hace más lento.

El calor se adueña de la noche, las nieves se van volviendo manantial, que de a poco, toma una fuerza, tal cual cascada que descarga con fuerza hasta llegar a la calma, buscando el punto exacto, saberse encontrada, conquistada, las aguas se hacen más rápidas, todo se mueve, alcanzar la cima se vuelve un deseo, y te aferras a tus pasos, aceleras el paso, buscas llegar, alcanzar.

La falta de oxígeno hace estremecer mi cuerpo, las piernas quieren estar firmes, pero se hace incontrolable; es momento de asegurar cada paso con fuerza, agarrar, tomar, avanzar, sientes que pronto la cima tocarás, mientras todo se mueve empujado por las fuerzas del manantial que se volvió cascada, vuelves a tomar una bocanada temblorosa, y necesitas avanzar, debes acelerar el paso, la lentitud del zigzag te lleva a andar recto, la velocidad es necesaria para no desvanecer.

En la noche inesperada una música se empieza a escuchar, su suavidad no reduce la velocidad, la cima ya se puede alcanzar, las piernas ligeras y temblorosas se aferran al deseo de llegar, la cumbre se puede sentir, se respira el momento, se va agotando el aliento, la cascada se desborda, y su fuerza no te arrastra, porque llegaste, estas viendo la inmensidad, el grito que abraza el tiempo se escucha en la eternidad.

Arriba siento paz y fuerza desbordada, me río, dejo que salga el éxtasis, libero la adrenalina, me permito flotar, y abrazo la montaña, la hago mía, llegué a ti, tú llegaste a mí. Los colores aparecen como sonido, la música roza el momento de gloria; en la noche inesperada se llegó, se alcanzó un ascenso eterno.

Pulsaciones aceleradas, la noche en la que la cima fue alcanzada, desde lo alto ya se puede ver el comienzo del amanecer, la luz empieza a jugar con el momento, el oxígeno fluye, se va tomando suavemente, me dejo caer sobre el suelo de las montañas, dejo que el momento me arrope, es un nuevo nacer, volver a ver la vida, es estar en el lugar, es encontrarme con lo exquisito.

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