Aumento

Tanto tiempo sin sentir la necesidad de escribir, fue un detener la vida, pasar por la puerta de la inercia, esa que te empuja lentamente hasta que no sientes, solo sabes que en el algún momento llegará lo que podría ser el final, un final que no es físico, un entrar a la línea del sin sentido, de no comprender la diferencia entre día y noche, entre silencio y ruido, entre soledad y compañía.

Las sombras te van rodeando sin que te importe, es una seguidilla de oscuridades, son piedras que se van formando sobre tu cabeza, empujadas por la fuerza de un corazón que se va agotando, te sostienes en lo único que te queda, disimulando una realidad inexistente, mostrando el rostro de la normalidad a un mundo que dejó de serlo.

Vas perdiendo las ganas, te vas desvaneciendo ante tus propios ojos, te colocas el traje de héroe para tapar las heridas, para esconder las debilidades, para el resto sigues siendo una fuerza avasallante, un corredor inalcanzable; muchos quieren seguir tus pasos, y sientes decepción, no saben que el camino que recorres lleva al precipicio.

Dejas de escribir porque las palabras ya no alcanzan para decir, no son capaces de sentir, es hablar de la nada al vacío, es derramar energía transformada en gotas secas lejanas, un transitar por el terror de encontrarte frente a ti, en una soledad imperfecta, asfixiante, una escapatoria sin salida, una caída infinita que te lleva a lo más profundo de ti, a la aterradora realidad que prefieres no ver, escuchar, oler, sentir.

En ese tiempo de sombras un sismo se sintió, el cielo se movió, la música comenzó a sonar a lo lejos, no deseas subir la mirada, pero la luz se encuentra ahí, te llama, te dice que hay esperanza. Las melodías de a poco aumentaron su volumen, sube la frecuencia. Las rocas comenzaron a agrietarse, y el brillo se fue colando por cada espacio que encontraba, ya era inevitable mirarla.

La música fue subiendo su presencia, raíces se fueron esparciendo sobre un terreno húmedo, aún algo oscuro; un saxo tocando un vibrante jazz; una guitarra que te regresa a la infancia; una letra que te anima; un disco sagrado para toda la vida; una canción grabada de la radio; otra escuchada el día que fue nombrada. La luz se hizo tan potente que no se podía ver quien estaba detrás de ella.

Pero las sombras tienen formas de regresar, silenciosamente llegaron con una alta fiebre, ya ni el miedo se reconoce, la inercia te come, te empuja nuevamente donde el vació se llena de la nada, vas sintiendo como pierdes terreno; pero la música no se rindió, y sonó más fuerte, aumentó su frecuencia, tocó la puerta para desde ese momento no salir jamás.

Otro sismo en la eternidad, las sombras se alteraron, su lucha fue perdiendo terreno, la luz intensa fue rompiendo con todo tipo de tristeza, el laberinto se va quedando sin pasadizos, y el silencio desaparece sin la necesidad de decir adiós, escuchas mirlos en el cielo, mantarrayas en el mar, una fiesta que comienza a darse sobre terrenos desconocidos, sintiendo que ya se has estado en ellos antes, la sensación de lo querido e incomprendido.

Llegó el momento de tocar la puerta con fuerza, dejar el agua correr. Vas subiendo la mirada, guiándote por la blanca luz, dejando que la música suene día y noche, hasta encontrar el destino, ese que el tiempo parece tener previsto. Tanto mirar hacia el Ártico, siguiendo la cola de la Osa Menor, para descubrir que las montañas que hay que ascender no se encuentran ahí.

El sonido de un viejo tren se escuchó a lo lejos, un llamado para comenzar un viaje hacia donde Sirio dijo tantas veces donde es realmente el camino, pero siempre la mirada era hacia la Osa Menor, encaprichado con las tierras de Odín. Ahora todo es claro, hay que buscar La Torre; siempre fueron las montañas, siempre fue un ascenso, la música suena entre los picos de la cordillera, en un valle donde las estrellas brillan en el cielo, y una de ellas, muy resplandeciente, camina sonriendo sobre sus suelos.

Las sombras se fueron, y las líneas regresaron, las palabras brotan como flores de primavera en pleno otoño; y sí, tomo palabras prestadas. El cello suena con melancolía, también con alegría; la música levantó en tiempo récord un puente perfecto, fue colocando melodías y armonías para producir sabrosas resacas sonoras. Ahora sí nada más importa, todo se va colocando en su lugar, el tiempo se detiene para ver con claridad el camino.

Suena la vida ante nuestros ojos, aumenta el querer, se eleva la razón del estar, se abre la puerta a un viaje placentero, donde siempre están presentes nuestros amores eternos, esa parta que nos vuelve seres completos, sabiendo que es tú Paz, sabiendo que es mi Hija de Dios; sin perder la esencia estamos entrando en otra dimensión, y mientras nuestra guitarra llora dulcemente guiado por la voz de un amigo en común, así va aumentando las ganas de estar, de no salir, de permanecer para siempre en este momento eterno.         

2 respuestas a «Aumento»

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