La esperanza y el perdón en “The Day That Never Comes”

En septiembre del 2008 “Metallica” hizo que el mundo, o una buena parte de él, hablaran de ellos por varios días, los medios de comunicación especializados o no, dieron importantes espacios al lanzamiento de su noveno álbum de estudio el cual lleva por nombre “Death Magnetic”, que significó una especie de vuelta a los orígenes musicales de la banda, al menos la que hicieron a finales de la década de los 80’s e inicio de los 90’s.

Nunca podré olvidar el 12 de septiembre del 2018, ese día fue el lanzamiento a nivel mundial de este disco; en Caracas se hizo en la desaparecida tienda “Esperanto” ubicada en el quinto nivel del Centro Comercial Tolón. Los pasillos de la “discotienda” se llenó de gente, desde los que vestían (entre ellos yo) la característica franela negra, con o sin algún distintivo de la banda, hasta los que venían en corbata porque apenas salían de sus oficinas. La música de “Metallica” sonaba al fondo, mientras se esperaba el momento en que se daría comienza a la venta de los primeros ejemplares de “Death Magnetic” en Venezuela, era un ambiente donde las familias acompañaban a los fanáticos del grupo liderado por James Hetfield; aún recuerdo a un bebe que llevaba su ropa apropiada para la ocasión, un metalero de la primera infancia.

Es mucho lo que podemos decir de este álbum que es el primero en el que Roberto Trujillo participa en la composición y grabación; pero hoy vamos a dedicar estas líneas al primer sencillo promocional de “Death Magnetic”, esa joya llamada “The Day That Never Comes”.

La primera vez que pude escuchar esta canción quedé impactado, porque si bien es cierto no fue algo novedoso, si era un regreso al sonido que “Metallica” hizo en la década de los ochenta, y más específicamente a lo plasmado en el “…And Justice For All”. “The Day That Never Comes” me hizo pensar inmediatamente en “One”, la verdad es que tienen algunas similitudes, es como si estuvieran hermanadas. Aquel sencillo dado a conocer el primero de septiembre de 2008 arranca con ese simple y suave riff que James Hetfield hace salir de su guitarra, es una melodía hermosa, delicada, con algunos golpes dados por Lars Ulrich en la batería, y Kirk Hammett trae su primer solo de guitarra creando muchas expectativas.

La pieza va elevándose, creando su propio espacio que le permite impulsarse para pronto sobresalir, dejando una marca imposible de borrar. La letra de “The Day That Never Comes”  puede tener muchos significados,  algo que el propio James Hetfield llegó afirmar cundo la definió como “una vaga y poderosa canción, que tiene varias interpretaciones”. El tema central es el perdón, y pareciera que se trata sobre la relación de un padre e hijo, tomando como base el juego fonético entre las palabras sun (sol) y son (hijo), armándose así una metáfora interesante que abre distintas ventanas que permiten ver múltiples realidades:

“Born to push you around, you better just stay down. You pull away, he hits the flesh, you hit the ground. Mouths so full of lies, tend to black your eyes, just keep them closed, keep praying, just keep waiting. Waiting for the one, the day that never comes. When you stand up and feel the warmth but the sunshine never comes, no, the sunshine never comes. (Nacido para maltratarte, mejor quedate abajo. Te alejas, el golpea la carne, tu caes al suelo. Bocas tan llenas de mentiras, tienden a oscurecer tus ojos, mantenlos cerrados, sigue orando, sigue esperando. Esperando por el día, el día que nunca llega. Cuando te levantas y sientes el calor, pero el sol nunca llega, no, el sol nunca llega)”.

Lars Ulrich llegó a decir en una oportunidad que esta canción se trata sobre la relación entre padre e hijo, en otras palabras, estamos nuevamente ante una letra donde James Hetfield plasmó sobre el papel el dolor generado por la difícil relación que tuvo con su papá:

“Push you cross that line. Just stay down this time. Hide in yourself, crawl in yourself, you’ll have your time. God, I’ll make them pay. Take it back one day, I’ll end this day, I’ll splatter color on this gray. (Te empujó a cruzar esa línea. Sólo quédate abajo en esta ocasión. Escóndete en ti mismo, arrástrate en ti, tendrás tu oportunidad. Dios, los hare pagar. Algún día lo recuperare, terminare este día, salpicare de color este gris)”.

La letra también da espacio para pensar que se trata sobre el perdón en un sentido mucho más general, en la necesidad de dejar de lado las diferencias y comenzar un camino hacia la esperanza, a la paz. Recordemos que en el año 2008 soldados de Estados Unidos se encontraban en fuertes batallas en territorios muy distantes como Afganistán e Irak, eran parte de las acciones llevadas a cabo tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001. El odio se convirtió en un sentimiento muy normal en la sociedad estadounidense, y sus posteriores acciones llevaron a que una parte también de la comunidad internacional respondiera de la misma manera hacia ellos, en especial los pueblos musulmanes. Quizás así lo sintió el danés Thomas Vinterberg quien dirigió el vídeo de “The Day That Never Comes”, en el que se puede ver a dos soldados combatiendo en un desierto, y en la que todo lo que se mueva es considerado enemigo, pero con un final en el que es posible el entendimiento entre un musulmán y un occidental.

La canción cuenta con un final magistral, son tres minutos totalmente instrumentales donde  se destaca la metralla de la guitarra que conecta automáticamente con “One” (parte de esas similitudes que mencionaba anteriormente), además de un solo de guitarra de Kirk Hammett que es exquisito, quizás subvalorado por muchos seguidores de la banda. Estamos frente a una composición que merece ser tocada por una orquesta sinfónica. El aporte del bajo de Roberto Trujillo es importante, aunque no será en esta canción donde demuestre todo su potencial.

“The Day That Never Comes” es la cuarta canción de “Death Magnetic”, como lo es “Fade to Black” en “Ride The Lightning”, “Welcome Home (Sanitarium)” en “Master Of Puppets”, “One” en “…And Justice For All”, o “The Unforgiven” en “The Black Album”, hablamos de la característica nota sutil que “Metallica” que acostumbra colocar en sus discos para bajar la velocidad, e incluso poder apreciar mejor los cambios de ritmo, y que por alguna razón siempre aparece como el track número cuatro.

En lo personal la considero una gran canción, una joya sincera, donde Hetfield se abre para recordarnos que somos seres humanos, con una gran necesidad de querer y ser queridos. Después de disfrutar de una versión tocada por la Orquesta de Violas Ricardo Narváez, bajo la dirección y arreglos del batuta Roisber Narváez en el Aula Magna de la UCV,  le tengo a esta composición más respeto, cariño y admiración:

“Love is a four letter word and never spoken here. Love is a four letter word, here in this prison. I suffer this no longer. I put it into. This I swear! This I swear! The sun will shine. (Cuatro letras forman la palabra amor y nunca habla aquí. Cuatro letras forman la palabra amor, aquí en esta prisión. No sufro esto más. Pondré fin a, lo juro, lo juro, el sol brillará)”.

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Imagen: http://www.fanpop.com/clubs/au-bout-de-mes-reves/images/28283766/title/day-never-comes-fanart

3 respuestas para “La esperanza y el perdón en “The Day That Never Comes””

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