“The Venezuelan Zinga Son Vol. 1”: Un toque de nostalgía a lo “Amigos Invisibles”

Por allá a principios del año 2003, sobre una hoja blanca cayó una gota del pesado petróleo, esa espesa partícula del “vital” líquido de un país sudamericano y caribeño que se esparció para dar forma al rostro de una preciosa mujer, se puede ver en su peinado que rememora la moda de los 70’s distintos iconos que nos hablan, que adelantan lo que encontraremos en “The Venezuelan Zinga Son Vol. 1”, un disco que cuenta con ese sencillo pero atractivo diseño en su caratula, es una imagen que refleja lo que sintieron en ese momento los integrantes de “Los Amigos Invisibles”, viendo a lo lejos una Venezuela inmersa en torbellinos políticos y sociales.

“Rico pa’ goza” literalmente abre el disco, un paso raudo para seguir sin freno hasta “Comodón Johnson”, un sonido inspirado en la “Onda Nueva” del maestro Aldemaro Romero. Esta pieza es la encargada de suavizarnos, de relajarnos con el canto de pájaros que nos hace sentir que estamos en un nuevo amanecer; es el éxtasis provocado por un paisaje que cuenta con una hermosa montaña al fondo, un sol levantándose por el este,  luz que va coloreando una ciudad que está abriendo los ojos un domingo en la mañana; hasta el perro del vecino ladra mientras el móvil del balcón hace su melodioso sonido, la brisa es la responsable de eso y del suave movimiento de los árboles que adornan las calles. El título de la canción nos recuerda una publicidad de la década de los 80’s, en la cual se anunciaba un famoso champú para niños, esa de frasco transparente donde se puede ver el espeso líquido amarillo, la que no pica los ojitos.

“Una Disco Llena” es el tercer track del disco, sonido funk característico de Los Amigos Invisibles; es la hora de bailar, de mover el cuerpo, así como de ver las cinturas de las chicas que se dejan llevar por el particular ritmo de la percusión, una que llega a transformarse en una sabrosa samba carioca. Hace acto de presencia la primera letra del álbum, una invitación a la discoteca, sensualidad “pareja” en la corta lírica que interpreta Julio Briceño. Sin detenerse continua por la cuarta pieza: “Venezuelan Zinga Son”. Es una secuencia del mismo ritmo que la antecede, la música disco con remembranzas de la primera parte de los años ochenta, hacen despertar nostalgias en aquellos que vivieron pasiones descontroladas en los locales nocturnos de la Caracas de aquel entonces, donde no podía faltar en la mano el vaso  en el cual se combinan hielo y whisky para dar vida al todo poderoso “lingui lingui”.

Llega la hora de una de las mejores piezas del disco; “Playa Azul” se llama está mezcla de ritmos gustosos, sabe a caipiriña, también a piña colada, incluso a daiquirí; en esencia es una bossa nova con toques de samba, matices de funk, es un coctel refrescante. Se puede escuchar las olas del mar, el viento que trae el olor del océano,  ver las palmeras moverse como si fueran chicas bailando al ritmo de este contagioso tema. Sin embargo, la letra es el reflejo de una nostalgia, una forma alegre de contar una tristeza, el deseo de estar con ella en esa paradisiaca costa venezolana, esa escena que se vivió tantos fines de semana, ahora está muy lejos. Posiblemente es la primera canción que habla de los sentimientos que se le generan a los venezolanos que decidieron salir del país en los primeros años del siglo XXI.

“Playa Azul”, un sabor nostálgico, dos amores, a ella y a la tierra, una canción que no me cansé de colocarla en mi programa de radio. El video realizado para este tema reafirma la idea que se tiene de la pieza, la cual termina de forma jocosa con esa frase del tipo ya pasado de tragos que le dice a la jeva: –“Mijita, de vas ahogar”.

Los Amigos Invisibles buscaron entrar con fuerza en el mercado de los Estados Unidos, país donde ya estaban haciendo vida para ese momento, siendo la ciudad de New York la escogida para la grabación de este álbum. “Ease Your Mind” tiene ese objetivo, el cover de esta pieza que dio a conocer Touchdown en 1981, buscó ser  una carta de presentación de lo que esta banda venezolana es capaz de hacer. Música para una discoteca, es movimiento del cuerpo con ese sonido funk que se va combinando con ritmos caribeños. Hay un despliegue de virtuosismo por parte de varios de sus miembros, aparece el solo de guitarra de José Luis Pardo, luego uno algo más sutil que sale del bajo de José Rafael Torres, pendientes con una descarga de timbales del invitado Luisito Quintero combinado con la percusión de Mauricio Arcas, así como del saxofón de otro que fue llamado a la fiesta, John Scarpulla. “Isyormain”, escrito como suena, es el aporte original de Los Amigos Invisibles, mantienen el ritmo, pero le colocan su toque personal, el sello de unos caraqueños que buscaron trascender las fronteras imaginarias de los Estados.

Fueron sinceros al llamar a la siguiente canción “Gerundio: -“Mirando, sonriendo, pensando, deseando, queriendo, tripeando…”. Funk tropicalizado, influencias de un son cubano que rápidamente se vuelve salsa, ritmos que se presentan como pinceladas de una obra “Op Art” donde todo se mueve en una misma velocidad.  Va cerrando con la marca personal de la agrupación, traen su esencia para refrescar el ambiente cálido.

“Ojos Cerrando” es colirio para descansar de tanto movimiento ante nuestros ojos, no hay punto y seguido entre esta y la canción anterior, es una continuación tenue, busca descargar la sensualidad elevada.

La diversión, el sarcasmo y el humor regresa con “Esto es lo que hay”, el mayor éxito radial de este disco en Venezuela; una salsa “cabilla” que nos recuerda la frase con que se inicia todo esto: “Rico pa’ goza”. La alegre historia de un chico humilde, nacido en algún barrio de Caracas que se enamora de una linda sifrina del este de la misma ciudad. El honesto joven venezolano que reconoce lo que tiene y lo que no, se lo cuenta a ella y a su familia. Tiene una estrofa maravillosa  “la parte que da miedo”, un juego de sonidos para traernos pronto el intento de aquel joven por pronunciar palabras en francés, realmente muy jocosa, pero al mismo tiempo deja claro que a pesar de las diferencias que pueden existir en nuestra sociedad, siempre existen puntos de encuentro y convivencia. Muy propicia para un país que desde ese entonces vive una constante carrera en destacar las diferencias y no las semejanzas.

“Majunche” es un venezolanismo que se refiere a una persona muy ordinaria, sin cualidades especiales, mediocre. Así titularon a la undécima canción del disco, que mantiene el sonido funk con un estilo que traslada a los años setenta. La banda busca dar a conocer todos esos elementos propios del venezolano, sus palabras, expresiones y modismos; eso que muy bien hicieron varios artistas mexicanos a partir de los años sesenta, expandiendo su cultura en todos los rincones. Este tema junto con el anterior son una muestra de esa penetración de Venezuela por el mundo.

“Mambo chimbo”, así como suena, ese ritmo cubano fue explorado y explotado por Los Amigos Invisibles en esta pieza instrumental maravillosa. Pendientes con la guitarra de José Luis Pardo, gran aporte a esta composición.  Se puede evidenciar que hay una madurez musical a lo largo y ancho de cada una de estas canciones, se le saca más provecho al potencial de sus integrantes. Espectacular cierre de la percusión de Maurimix.

El “Diablo” fue otro de los sencillos promocionales del disco. El funk y el tecno mueven los hilos de una canción que habla de un hombre tentado por el ser oscuro. Realmente se trata de una historia de un individuo víctima de ciertos excesos, la expresión “estoy pegao” se refiere a que está bajo los efectos de las drogas: -“No puedo controlarlo, no sé como evitarlo, me siento envenenado, se está aprovechando de mí”.

Vuelve la salsa “cabilla”, Julio Briceño lo hace cantando en un modismo “puertorriqueño”, el sonido de la percusión de Maurimix se destaca junto con el trombón tocado por el invitado Jimmy Bosch, que ya hizo su aparición anteriormente en “Esto es lo que hay”. “Calne” es el título de una pieza bailable de principio a fin.

“Superfucker”, trae toda la esencia del funk con ese aire sensual que envolvió la década de los 70’, incluso se puede sentir puntos que van generando una sensación 3D de psicodelia. La historia de un superhéroe sexual, toda su fuerza lo usa para amar. No lo olvides nena, “ese vestido se ve mejor encima del sofá”. Divertida pieza que lleva la marca de la banda venezolana.

Funk más acid jazz, decorado con cinetismo venezolano y brasileño, es una obra de Cruz Diez y Gyula Kosice convertidas en música, “Bruja” posiblemente nos regresa a la nostalgia de “Playa Azul”, se extraña a una mujer que está lejos, que hizo la magia más poderosa: -“No eres ni bruja ni santera, tu eres aún más arrecha”.  El hechizo real está en el solo de guitarra, el mejor de todos los presentados en este disco, aplausos para José Luis Pardo.

Después de casi nueve minutos de embrujo llegan “Las Gorditas de Mario”, una canción divertida que cuenta la historia de un individuo que le gusta comer, es su mayor pasión, por ende le encantan las chicas que comen como él. Por supuesto, la letra contiene una gran cantidad de mensajes doble sentido como: –“Bollitos, a mí me gusta tu bollito en Navidad”. Después de ingerir tantos alimentoas se debe ir al baño, y a los 3’30’’ se escucha como baja el water clock, mejor conocido por nosotros como la poceta. A los 4’30’’ se abre nuevamente el balcón, regresa el canto de los pájaros y aquella “Onda Nueva” que escuchamos al inicio con el nombre de “Comodón Johnson”, se baja por un “fade to black” para que haga acto de presencia unas percusiones que buscan mover el cuerpo, distintos ritmos se van fusionando, la marca de este disco va despidiendo una producción que termina a ritmo de protesta, un cacerolazo que nos recuerda los días de paro, marchas, colas en las estaciones de servicio, vivencias de una Venezuela dividida en los días que nació este álbum.

“Arepa 3000” se convirtió en una ventana a través de la cual se pueden observar  distintos colores de la esencia del venezolano, por eso, a mi entender,  es la mejor propuesta plasmada por el grupo en un disco; sin embargo, “The Venezuelan Zinga Son Vol. 1” es un derroche de virtudes musicales, es la madurez de una banda que busca ir más allá del país donde nacieron, intentando ser parte de la aldea global, y lo hicieron con clase. Es petróleo con calidad de exportación que se vuelve combustible, es generador de movimiento que viaja por diferentes ritmos; además es un toque de nostalgia, es un mensaje de lejanía que extraña la tierra amada, haciendo que reafirme sus orígenes, ellos no olvidan de donde vienen y a donde van, sigue presente su bochinche que toman muy en serio. Este es el álbum que recomiendo para comenzar a escuchar con profundidad a “Los Amigos Invisibles”.

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