Los viajes musicales del maestro Gerry Weil

Un viaje por todo lo alto para poder ver desde la cima el más hermoso paisaje, contemplar el infinito desde el azul cielo y desde lo lejos oler el verde de la hierba que cubre la extensa tierra, es subir a las nubes y caminar en el aire, cuando abajo sólo está las huellas de los antepasados. Esta magia está presente en las notas plasmadas por un maestro que nació en Viena, y años después renace a las orillas del mar, en Venezuela: Gerry Weil.

Recuerdo la primera vez que escuche “Orinoquia”, no sabía de quién ni porqué, pero aquella melodía que comienza con el delicado piano se parece a las pequeñas gotas que nacen en la Sierra Parima, que da vida aquel riachuelo, indefenso manantial que va buscando su cauce serpenteando el norte de la selva amazónica. Una suavidad que se va haciendo fuerte en la medida que sube, alcanzando su punto de clímax, la tenue música te lleva por el Orinoco, viviendo aquellos escenarios de tranquilidad que son alborotados por la fuerza del caudaloso río.

Así es el maestro Weil, un hombre que es capaz de plasmar en su piano los sonidos de la naturaleza. “Profundo” es cada una de sus piezas, viajan por lugares que están, o quizás no tengan coordenadas geográficas definidas, sin embargo permiten montarse sobre las alas y llegar a espacios nunca visitados. “Profundo” es su sexto disco, el primero que conseguí escuchar completo del maestro, logrando que se diera esa conexión tan especial, sino me creen déjense llevar por el tema “Mañana de Campo en Abril”, fue mi primer viaje a donde nace la cordillera de los Alpes, estar en los campos floridos de la primavera acompañados por el azul Danubio, tierras que vieron nacer a este creador de la más hermosa obra de arte.

“Marina”, con sabor a arepa de maíz recién pilado, con olor a Caribe que besa la tierra de Vargas, con sonido que se adentra al llano sin dejar de pasar por la Cordillera que está frente a la costa. Los dos minutos treinta y nueve segundos de las armonías de Gerry Weil acompañado por Pablo Gil y Nene Quintero hacen relajar los sentidos.

Gerry Weil nos dio un regalo muy especial en el año 2009, presentó su trabajo “Tepuy”, todo un viaje que comienza en el lejano oriente, con notas de reflexión, toques profundos que salen del alma, con gotas de calma traídas de la filosofía japonesa llamada “Otera No Kame”. Como acto seguido lasRaíces” se sienten gracias a la buena compenetración de los músicos Rudi Berger, Pablo Gil, Carlos Nene Quintero, Roberto Koch y Adolfo Herrera, por supuesto, acompañado por los ritmos provenientes del piano de Weil. Aquí el viaje pasa por el mestizaje y sus sabrosos derivados, uno de ellos la música afroamericana.

“Waltz for Liesi” es un jazz lírico, el violín de Rudi Berger  hace que su composición sea perfecta, es un viaje sereno sin sobresaltos, el té se puede tomar relajado mientras se escucha el crujir de la galleta de chocolate. “Wiener schnitzel” tiene el color de New Orleans matizado con las luces de neón de New York, jazz en su más pura esencia, Weil muestra todo su talento acompañado por el poderoso saxo de Pablo Gil, el contrabajo de Roberto Koch y la batería de Rodolfo Herrera.

“Gerry’s Mood” es un punto dulce, es como comer esas sabrosas galletas austriacas llamadas vanillekipferl, donde los ingredientes no son harina, azúcar y almendras, sino líneas de amor, poesía de Rudi Berger, y la interpretación magistral del maestro Weil. Con sabor a su tierra natal, servida en su país amado.

Uno de los grandes aportes del maestro Weil aparece en la siguiente pieza definida como un jazz aguinaldo, “Alegría” trae ese regalo de Navidad, fusión de las tradiciones decembrinas venezolanas llevadas al ritmo del jazz, es como abrir una hallaca y dejar que su olor sea acompañada con un buen vino para degustar suavemente los sabores.

El ascenso llega a su punto más importante, el maestro coloca en este recorrido el tema que da nombre a esta producción, que en sí misma es un tributo a las formaciones rocosas más antiguas del planeta, nuestros Tepuyes, símbolo que identifica a estas tierras de Venezuela, cimas enigmáticas, de donde caen las aguas del Santo Ángel, donde se presencia el infinito.

Viene a la mente de quien escribe el recuerdo de aquel programa de radio en la cual el maestro amablemente aceptó nuestra invitación; donde  describió con tanta emoción las maravillas de Venezuela, desde el Orinoco pasando por cada “Tepuy” que tiene un trozo de su corazón. Esas palabras que dijo aquella tarde ante los micrófonos de una FM, se sienten en este tema central que va más allá de nuestras fronteras.

Después de estar en la cima del “Tepuy”, este se hace el lugar ideal para realizar un merecido homenaje al músico Vytas Brenner. Las notas que llevan el nombre de Vytas” son sentimiento que se vuelve tiempo, segundos que se transforman en imagen, recuerdo emotivo para la eternidad; de seguro desde allá arriba la plenitud de la melodía llega con más eternidad.

La cima del Roraima es el punto de mirada, aquella que va dirigida al sur para encontrarse con el gigante Brasil, lugar que da la inspiración para componer Chorinho Criollo”, una mezcla con olor apasionado. Sin embargo Weil vuelve a mirar hacia el norte para brindar nuevamente sus notas con la fuerza de la Orinoquia” venezolana, aguas caudalosas que llenan de vida a un paraíso natural que debe ser conservado para la felicidad del planeta.

Ese viaje que empezó en el Japón termina donde comenzó, inspirado en la tierra del sol naciente. “Haiku” es poesía, y las notas del maestro se vuelven intensamente adictivas. Al final de todo buen concierto siempre hay espacio para una más, e Infancia” hace su aparición, la que el maestro hace sentir en sus piezas, en sus actividades deportivas, y en el amor admirado hacia su familia;  tema que tiene entre sus notas toda una dedicatoria a uno de sus más grandes amores.

Gerry Weil, viajes que se convierten en notas, tiempo que se vuelve tempo, no había otra forma de comenzar este espacio que no fuera con la historia de un hombre que vino de tan lejos para dejarnos por siempre “Espacios Viajeros” hechos música.

Tomado de la publicación Revista “AMBITUS” de la Fundación Instituto Botánico de Venezuela Dr. Todías Lasser, número 1, año 2012. Una de los proyectos impulsados por el Arq. Mario Gabaldón. Fotografía del Dr. Shingo Nozawa.

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