Así llegó “November Rain”

Volé en el tiempo, llegué al patio del colegio, estaba mirando el cielo mientras escuchaba esa canción, esa que salía por lo audífonos que se encontraban conectados al viejo walkman azul. La cinca corría mientras sentía con tristeza que te perdía, cuando nunca fuiste mía. Viaje al pasado y me encontré con mi adolescencia llena de rebeldía, pero aferrado a sentimientos que hacían que los días se detuvieran en los agujeros de la agonía, por más que quería no eras mía.

La canción que sonaba era tan triste como esos eternos segundos de mi vida, Axl Rose sacaba de su piano tan dolorosa melodía, sentía que me congelaba bajo un sol de diez de la mañana, las teclas blancas se volvían negras, y el canto que parecía irse en llanto era aguantado por el frío que endurece las venas llenas de rojo líquido, mientras los violines sonaban con toques de melancolía, sudando lagrimas por las heridas.

“When I look into your eyes I can see a love restrained, but darlin’ when I hold you don’t you know I feel the same (Cuando miro dentro de tus ojos puedo ver un amor contenido, pero cariño cuando te tengo no sabes que siento lo mismo)”. Mientras Axl pronuncia estas palabras, me sentía en un espejo reflejando mis sentimientos, deseando decirte lo mismo, a ti, quien entre muchas líneas me invitó a formar parte de su vida, pero justo antes de llegar al final del libro me dijiste que es más lo que nos alejaba que aquello que nos unía “porque nada dura por siempre y nosotros dos sabemos que el corazón puede cambiar. Es difícil tener una vela en esta fría lluvia de noviembre”.

Así “November Rain” movió mi vida, la canción que me empujó a la tristeza, la que hizo endurecer las palabras que solía soltar al viento, la que me levantó de aquel campo donde miraba las estrellas contigo, en ese largo sueño del que no quería despertar.

“But lovers always come and lovers always go, an no one’s really sure who’s lettin’ go today, walking away (Pero los amantes siempre vienen y los amantes siempre se van, nadie está realmente seguro de a quién estás dejando ir hoy, de quien te alejas)”. Pero es así, llega el momento de dar un paso adelante y decir adiós, no se puede forzar lo que nunca comenzó, no se puede obligar lo que ni siquiera se intentó; pudo más algunos convencionalismos que un posible sentimiento que nos unió.

Ahí estaba, sentado sobre la orilla de la jardinera, aquel árbol que me quería dar sombra no dejaba que pudiera ver la oscuridad con claridad, mientras mis oídos se dejaban llevar por aquella canción de Guns N’ Roses. Esperaba con ansias el solo de Slash para poder descargar un poco de la triste rabia… “Do you need some time…on your own. Do you need some time…all alone. Everybody needs some time… on their own. Don’t you know you need some time…all alone (Tú necesitas tiempo… en tí misma. Tú necesitas tiempo… sola. Todos necesitamos algo de tiempo… para sí mismos. No sabes que necesitas algo de tiempo… sola)”.

Mientras bajo la mirada que buscaba respuestas en el cielo, veía tu silueta pasar, y ese escalofrío recorría mi cuerpo, me invadía la angustia de querer encontrar esperanzas sobre caminos llenos de fosas, no debía dejarme llevar por lo deseos, ahí no importa lo que quería, lo que valía era tu extraño alejamiento.

“And when your fears subside, and shadows still remain, I know that you can love me. When there’s no one left to blame, so never mind the darkness we still can find a way, ‘Cause nothin’ lasts forever, even cold November Rain (Y cuando temes hundirte, y las sombras aún permanezcan sé que puedes amarme. Cuando no hay nadie a quien culpar, pues no importa la oscuridad, aún podemos encontrar un camino porque nada dura por siempre, hasta la fría lluvia de noviembre)”. Por más que escuchaba esta estrofa en mi mente las esperanzas no llegaban, no florecían, estaba metido en el medio de una nube gris que aún no descargaba la tormenta, pero los truenos ya sonaban, avisando que el diluvio estaba cerca.

Buscaba en mi memoria las líneas que escribí, para saber si con algunas de ellas me atrevía a decir que ahí estaba y que no había razón para resistir, era la hora de tumbar el muro para dejar fluir emociones desbordadas, dejar que los labios se encargaran de silenciar las palabras, mientras se unían para dejar que las palpitaciones se aceleraran hasta el punto de que superaran los límites y no hubiese posibilidad de regresar.

Ese piano a los casi siete minutos, ese redoblante llamando al solo de guitarra, ese que me decía que sacará toda la ira provocada por el dolor, era un infarto en un corazón que seguía palpitando, era una explosión que me hacía levantar de la orilla de esa jardinera que estaba en el patio de ese colegio, el sol frío seguía apagando mi camino, pero quería decirte la misma frase con la que terminaba esa canción: “Everybody needs somebody, you’re not the only one (Todo el mundo necesita alguien, pero tú no eres la única) ¿Será que si te lo dije? Así llegó la lluvia de noviembre a mi vida.

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